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Diario deportivo de Alicante

El Hércules y la Generalitat, un juicio entre gatos y palmeras

J. A. SOLER / @jasoler65

“Cuando el gato suba a la palmera, el Hércules subirá a Primera” fue un popular dicho que se extendió por Elche en la década de los 60 cuando el eterno rival blanquiazul disfrutaba de su etapa más gloriosa mientras el equipo de la capital deambulaba con más pena que gloria por categorías inferiores. Al final, el equipo alicantino terminó subiendo y el palmeral ilicitano se llenó de gatos. Ahora, medio siglo después, la historia herculana también se escribe en clave de palmera aunque en esta ocasión desde un escenario extradeportivo.

Viene esto a cuento por la vista celebrada en un juzgado de Alicante por la demanda presentada por el Hércules ante el supuesto incumplimiento de un contrato de patrocinio por parte de la Generalitat Valenciana. Tres millones de euros reclama el club blanquiazul que pueden llegar a seis si el juez falla a su favor por lucir en las camisetas la palmera identificativa de la Comunidad. Un dinero que, según el club, puede garantizar su viabilidad económica a corto y medio plazo.

Y es que el Hércules firmó en 2010 un contrato de patrocinio de cuatro años por el que tenía que percibir de la SPTCV seis millones de euros a razón de 1,5 millones por temporada. Según el club alicantino, el organismo autonómico no llegó a abonar las cantidades estipuladas desde la primera de las cuatro campañas que abarcaba el acuerdo. En el juicio, el Hércules ha solicitado que el Consell le abone tres millones de euros correspondientes a los ejercicios 2010-11 y 2011-12. En base a la sentencia de este juicio, reclamará también esas mismas cantidades correspondientes a las campañas 2012-13 y 2013-14.

Si el cumplimiento del convenio de acreedores depende de que la justicia de la razón al Hércules por este incumplimiento de contrato por parte de la SPTCV es que hay gato encerrado. Y no de los que suben a la palmera, que de esos hay pocos, sino por el historial de impagos e incumplimientos que en este juicio presentan tanto la parte demandante como la demandada. Quizás, porque son tal para cual y un ejemplo claro de cómo no deben hacerse las cosas.

Es de imaginar que en Bruselas seguirán con especial interés el desenlace de este caso de picudo rojo en la palmera cuando la Unión Europea investiga irregularidades en otras subvenciones encubiertas por una mayor cuantía. Porque existen 18 millones de razones públicas para que el ruido de este procedimiento judicial, que en caso de recurso tras el fallo podría prolongarse como mínimo un año, pueda conventirse en un arma arrojadiza para ambas partes.

Si la defensa de la Generalitat ha utilizado en el juicio un supuesto paralelismo entre el ERE que llevó a cabo el Hércules cuando descendió a Segunda División para reducir sus gastos con su voluntad de reducir las cantidades del contrato de patrocinio, la Unión Europea puede tomar buena nota de estos pueriles argumentos para que los 18 millones de gatos del IVF también puedan subirse a la palmera. Si es que entre uno y otro no acaban con todos los gatos y hasta con las palmeras.

 

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