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Diario deportivo de Alicante

El Hércules, a tumba abierta

J. A. SOLER / @jasoler65

Hace unos años el Hércules nos sorprendió con un tétrico cartel para la campaña de abonos. Con una imagen del estadio alicantino lleno de tumbas, el club intentó despertar el interés del herculano dormido bajo el lema “cada rival tiene su sitio en el Rico Pérez”. Aunque la idea pueda resultar buena para cualquier publicista, en el fútbol existen  ciertos códigos que se deben respetar.

Uno de ellos es no menospreciar a los adversarios porque estas cosas, con el tiempo, suelen volverse en contra. Sucedió entonces con aquel desafortunado lema y desagradable imagen ya que durante esa temporada varios los rivales le pintaron la cara al Hércules en el Rico Pérez al encontrarse el cartelito de marras nada más entrar en el estadio. Más o menos, lo mismo que puede ocurrir ahora cuando cada colegiado que pite en Alicante se tope con la imagen de Chechu junto al “que no nos roben la ilusión” en clara alusión al estamento arbitral.

Entre uno y otro cartel de la campaña de abonos han pasado unos años, pero los que mandan y deciden en el Hércules son los mismos. Vamos, que no han aprendido nada en estos 15 años al mando del barco. Más bien al contrario. Porque en la época del Rico Pérez lleno de tumbas, el club no tenía patrimonio alguno, pero sí tenía dos patrimonios intangibles, la afición y el apoyo de las instituciones (Canal 9, Ciudad de la Luz, Costa Blanca, Parques Temáticos, IVF, etc.).

Ahora, el timoner no encuentra remeros, ni por el lado de la grada ni tampoco por el palco. Con la cifra de abonados más baja de la historia del Hércules, el 70% de estos pocos valientes pasan de acudir al Rico Pérez en la presentación del equipo y el alcalde, para más inri, se aleja del palco para no juntarse con los que han hecho añicos este símbolo de Alicante que, si alguien no lo remedia, corre a tumba abierta hacia ese funesto sitio del estadio que reflejaba la campaña de abonos de hace una década.

Y mira que lo tenían fácil este año después del chute de ilusión generado entre mayo y junio con la promoción de ascenso. Bastaba con mantener en el proyecto a los que despertaron del letargo a una dormida afición y abrir la puerta al del debate externo. Bastaba con explotar el momentazo de Murcia o el espíritu de Chechu para reforzar ese sentimiento. Bastaba con respetar la fidelidad de los más fieles. Bastaba con no sangrar más aún a la cantera. ¿Tan difícil era hacerlo así?

Lo peor de todo es que los que han hecho todo lo contrario a lo que dicta el sentido común creen que no están equivocados. Los equivocados son todos los demás que no reman al ritmo que marca el capitán de la nave o, simplemente, porque les pone criticar al régimen. El aspecto que ofreció el Rico Pérez este lunes es una muestra más de lo que hay. Muchos ni se abonan -casi 2.000 menos que hace un año-. Entre los pocos que lo hacen, la mayoría no se presentan en la primera cita del equipo. Y los que se presentan, para cachondearse de la extensión del palco en el campo -la ironía también es una forma segura de protesta-. No acaba ahí la cosa. El alcalde los manda a la cola, detrás de plataformas de aficionados o exjugadores, cuando desde el club piden audiencia a la primera autoridad municipal en busca de un acercamiento. Peleados con el mundo, pero ahí siguen. Ni se inmutan. Ni el más mínimo sentimiento de que algo no hacen bien. Esto es lo que hay.

Por si faltaba algo, el presidente remunerado del Hércules se va de vacaciones en mayo, mientras el equipo se juega el pase a la promoción, y también vuelve a estar inoperativo en agosto, justo en la presentación del nuevo proyecto deportivo. Esto y todo lo demás sí que es surrealista. Y con todo este cúmulo de despropósitos, el juguete no es que esté roto, es que lo han destrozado. Tanto que ya veremos si el que venga después puede hacerlo funcionar de nuevo. Parece que tiene el mismo arreglo que la campaña de abonos. La de las tumbas y la del robo de la ilusión. Términos que encajan a la perfección en este pobre Hércules.

 

 

 

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