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Diario deportivo de Alicante

El gol de la pancarta en el Hércules

J. A. SOLER / @jasoler65

Hace menos de un mes, Javier Portillo transmitió a destacados seguidores herculanos la inquietud existente en el Hércules con la actitud fría y distante de la afición en los partidos que se disputan el estadio Rico Pérez. Tiene razón el nuevo socio de Juan Carlos Ramírez en la SAD. El ambiente que se respira en el coliseo alicantino en los últimos tres años poco tiene que ver con el que se palpaba con anterioridad a su vuelta en 2012 pese a que esto nunca ha sido ni Anfield ni el Calderón.

Dejando al margen la penosa trayectoria deportiva del equipo en los últimos años, no es difícil encontrar una explicación a esta situación de frialdad en la grada a poco que se vaya al grano en lugar de aferrarse a la paja, a cualquier paraguas de banquillo o declarar “enemigo” al primero que se le ocurra alzar la voz, ya sean aficionados con pancartas o leyendas en la historia del Hércules como Giuliano, Rodríguez, Tote o Sergio Fernández, por citar algunos ejemplos más que evidentes.

El ejemplo más claro de lo que estamos contando se ha producido esta misma semana con la sentencia que anula la sanción impuesta en 2014 a un abonado herculano por lucir en el Rico Pérez la inofensiva pancarta Ortiz, gracias y adiós. Un fallo judicial que va mucho más allá de que Manolo Piera se haya ahorrado los 600 € de multa o que una secuencia fotográfica de EstadioDigital.es haya permitido a un juez ver con claridad un escenario surrealista.

Es un tema mucho más profundo que explica la pasividad de una afición hastiada por ver como destrozan un símbolo de Alicante casi centenario y, al mismo tiempo, temerosa de que le metan mano al bolsillo ante cualquier mínima protesta por ello. Una Ley Mordaza que se aplica a rajatabla en un estadio Rico Pérez cuya voz ha quedado silenciada para todo, para la protesta pero también para crear ambiente de fútbol desde la grada.

Y es que el iluminad@ del palco que dio la orden de retirar aquella pancarta no calibró bien las consecuencias de una decisión que aplicó a rajatabla tanto la seguridad privada del Hércules como los agentes de la Policía. Nadie en el club advirtió de que este tipo de cosas suelen tener un efecto contrario. La pancarta “Ortiz, gracias y adiós”, la única que fue retirada entre las muchas que había ese día en el Rico Pérez, podía haber pasado al olvido como todas las demás. Pero no, fue una muestra más de la infinita torpeza que lleva instalada en el club desde hace dos décadas. Así es como se hace todo y la culpa, por supuesto, del empedrado.

Porque con su manera de proceder, el propio club ha conseguido que el contenido de esta pancarta se haya convertido en toda una marca en la lucha contra los gestores del Hércules. Lo que viene a ser un gol en propia meta porque en estos 4 años, además de estar presente en innumerables ocasiones en los medios informativos, “Ortiz, gracias y adiós” llegó a ser la imagen traducida al alemán de una bufanda revindicativa: “Danke und Tschüss”. Si no quieres caldo, toma dos tazas.

Y, por si faltaba algo, el abogado y abonado herculano José Ferrándiz Cano ha convencido a un juez de que aquel episodio de la pancarta fue todo un atropello contra la libertad de expresión, además de dejar en ridículo a los que gestionan la SAD de la misma manera que aplican la Ley Mordaza en el estadio. Ni más, ni menos. Así, es normal que la afición esté agotada y no tenga fuerzas ni para hacer pancartas tan inocentes como la de “Ortiz, gracias y adiós”. No siempre va a aparecer un letrado con sangre blanquiazul que altruistamente consiga lo imposible en un juzgado. Lo que si deja esta historia es que esas “gracias” en la persecución a los críticos, también lleva consigo el “adiós” al apoyo de la gente.

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