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Diario deportivo de Alicante

El encierro de Portillo en el Hércules y el “Pobre de mi” de San Fermín

J. A. SOLER / @jasoler65

La valoración de cualquier situación que se produce en la vida depende del espejo con el que se mire. El caso más notorio es el de Javier Portillo. Está claro que el madrileño ve en su espejo personal una realidad muy diferente a la que ven los que pagan por verle en el terreno de juego. En Alicante está más que comprobado, pero también en otros sitios en donde su paso dejó huella.

Y digo todo esto después de las declaraciones del delantero madrileño en las que aseguraba haber rechazado ofertas este verano con tal de seguir en un sitio donde nadie le quiere. Por mucha ilusión que tenga por ascender con el Hércules, no parece que haya tomado la mejor decisión si hay algo de cierto en sus palabras. Sobre todo, tras comprobar el recuerdo que ha dejado en una plaza muy futbolera como Pamplona.

Resulta que este mes nos dejamos caer unos días por Euskadi para apartarnos un poco del “caloret” alicantino y de paso alejarnos  del “ruido” que se escucha a diario desde el Rico Pérez. Fue imposible en lo que respecta al ruido. Para lo otro sí conseguimos el objetivo. Desde Hernani, donde montamos cuartel general, se nos ocurrió acercarnos un día a Pamplona y vivir durante unas horas las fiestas de San Fermín.

De los tres que éramos, dos nos agenciamos un “pañuelico” rojo para ir en ambiente entre la marea roja y blanca que invadía todas las calles de la capital navarra. El tercer expedicionario, mi hijo, pasó olímpicamente de la indumentaria sanferminera al preferir exhibir por Pamplona su camiseta blanquiazul del Hércules. De esta guisa, ya veían todos por allí que no éramos nativos precisamente.

Tanto que en pleno corazón de la calle Estafeta escuchamos un gratificamente “Macho Hércules” a nuestro paso. Mi hijo se sorprendió de que lejos de Alicante la gente reconociera tanto a uno de sus símbolos. Más aún cuando una familia pamplonesa, todos con el uniforme de San Fermín, se ofreció a hacernos una foto en la plaza del Consistorio, lugar donde al día siguiente tenía que cantarse a capela el famoso “Pobre de mi” que pone fin a una de las fiestas más famosas del mundo.

“¿Sigue siendo Portillo tan malo en el Hércules como cuando estaba aquí en Osasuna?”, le preguntó el sanferminero osasunista a mi hijo tras hacernos la foto y sin que mediara antes palabra alguna futbolera. Sólo le bastó ver la camiseta del Hércules para relacionarla inmediatamente con el desafortunado paso del madrileño por El Sadar. La respuesta del chaval fue la de cualquier otro herculano. No es necesario entrar en detalles. La breve conversación terminó con una frase lapidaria del mismo que había hecho la pregunta: “Menudo paquetillo os colocamos hace unos años”. Una situación tan real como que en otros lugares ven lo mismo que en Alicante. Porque no se trata, ni mucho menos, de una conspiración judeomasónica

Y es que hace 6 años, cuando Portillo estaba en Osasuna, el entonces técnico rojillo José Antonio Camacho no contaba con el madrileño ni para los amistosos. De hecho, en el verano de 2009, el conjunto navarro disputó un partido de pretemporada en la Nueva Condomina contra un Murcia en el que jugaba Sergio Fernández y el delantero de Aranjuez no jugó ni un minuto a pesar de que el Hércules ya había mostrado interés en su fichaje, algo que se pruduciría cuatro meses después. Curiosamente, debutó con la camiseta blanquiazul en una eliminatoria copera ante Osasuna y el recibimiento que Portillo tuvo en El Sadar fue más que hostil con cánticos desde la grada totalmente reprobables.

Con todo esto, queda claro que Portillo no deja mucho cariño allá por donde va, ni en Alicante ni en Pamplona. Tantos no pueden estar equivocados, pero él se empeña en seguir donde no le quieren. Camacho y El Sadar le hicieron ver que su sitio no estaba en Pamplona. Y después de tres años generando crispación en Alicante cada vez que habla delante de un micrófono o calla en el campo, decir que ha rechazado ofertas de superior categoría por continuar en el ojo del huracán suena casi igual que el “Pobre de mi” que cierra las fiestas de San Fermín. Aunque, en realidad, eso es lo que debería cantar la grada del Rico Pérez para ver si el encierro de Portillo en el Hércules termina por fin.

 

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