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Diario deportivo de Alicante

El doble rasero concursal y el trasfondo de las pancartas

J. A. SOLER / @jasoler65

Que el Juzgado haya declarado culpable el concurso de acreedores del CB Lucentum, es decir, que el club de baloncesto fue a la ruina por una irresponsable gestión económica, se ha llevado por delante a un concejal de Alicante. Juan Seva, edil que en su momento fue gestor de la SAD de basket como representante del máximo accionista de la entidad -el Ayuntamiento-, se ha visto obligado a abandonar sus competencias en el área de Hacienda tras ser inhabilitado para administrar bienes ajenos por su gestión en el Lucentum.

Desde el desconocimiento sobre procesos concursales y judiciales, resulta llamativo que un juez haya responsabilizado a los gestores del CB Lucentum de una terrible situación financiera que obligó a la sociedad a acudir a una suspensión de pagos, de ahí que el concurso de acreedores lo haya declarado culpable y no fortuito, y en el proceso del Hércules hayan salido de rositas los responsables de las barbaridades cometidas en la SAD futbolística.

Porque si era evidente que los dirigentes del Lucentum llevaron a la ruina al club de baloncesto más representativo de Alicante, lo que ha ocurrido en el Hércules en los últimos 15 años con tres procesos concursales, el último de ellos por más de 60 millones de euros, es para preguntarse al menos qué diferencia de gestión existe entre uno y otro caso. Siendo muy generosos es igual de desastrosa e irresponsable.

Y siendo realistas, lo que han hecho con el Lucentum es “pecata minuta” comparado con la barbarie económica que han llevado a cabo en el Hércules. ¿Por qué el administrador concursal de la SAD herculana no ha actuado de la misma manera que el del basket? Argumentos para hacerlo tenía de sobra. Como mínimo, suena raro que el tercer concurso de acreedores de la entidad blanquiazul fuera declarado fortuito, o lo que es lo mismo, sin responsabilidad alguna en los gestores.

Tan raro como ver el domingo pasado pancartas en el Rico Pérez con leyendas como “Portillo gol” o “Peña grande” que, por cierto, también tapaban vallas publicitarias de pago. Pese a los recientes antecedentes en estos asuntos, con dos recursos tumbados para el que osó instalar un Ortiz, gracias y adiós sobre publicidad de intercambio en el estadio, nadie del club ordenó retirar los “mensajes de apoyo” a los capitanes del barco blanquiazul.

Teniendo en cuenta este agravio comparativo, puede que el doble rasero que se aplica con las pancartas del estadio Rico Pérez sea el mismo que lleva a declarar un proceso concursal culpable y otro fortuito cuando la gestión en ambos casos se parecen como dos gotas de agua. La diferencia puede estar en el trasfondo del mensaje pancartero. Y eso lo sabemos todos. Porque no somos tontos, aunque algunos lo crean.

pancarta

 

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