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70 años del Día D en Normandía

J. A. SOLER / @jasoler65

Han pasado 70 años, pero el recuerdo es permanente y la memoria infinita. Normandía es un rincón de Europa cargado de historia y belleza, de paz y libertad, de reconocimiento y agradecimiento. El 6 de junio de 1944 es una fecha grabada con sangre en las playas de esta región del norte de Francia. El desembarco anfibio de aquel histórico día fue el principio de la liberación de Europa de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Como dijo Winston Churchill, la Operación Overlord, nombre en clave del desembarco de Normandía, no fue el final de la guerra, ni siquiera el principio del final, pero sí fue el final del principio. Un punto de inflexión que no solo cambió el curso del mayor conflicto bélico que se ha conocido, sino que también cambió la historia de la humanidad. Nada sería igual en la actualidad si no hubiera existido aquel 6 de junio de hace 70 años. Y, sobre todo, por lo que ocurrió. normandia

Por todo ello, recientemente se conmemoró el 70 aniversario de una batalla histórica que ha dejado su huella para siempre en la bella Normandía. Un aniversario señalado que, posiblemente, haya sido el último con supervivientes de un desembarco que siete décadas después sigue presente. El infinito reconocimiento de los franceses a aquellos valientes soldados que dieron su vida por su libertad resulta sobrecogedor en una tierra que vivió un horror y ahora respira paz por sus cuatro costados.

Sus majestuosas playas de fina arena blanca fueron rebautizadas a partir de 1944 con el nombre en clave que les dieron las fuerzas aliadas en la Operación Overlord. Omaha, Utah, Juno, Gold y Sword todavía muestran numerosos restos de aquella cruenta batalla como los puertos artificiales de Arromanches, las baterías alemanas de Longues Sur Mer, el impactante cementerio americano de Coleville, los enormes cráteres provocados por las bombas en Pointe de Hoc, el kilómetro cero de la libertad en Sainte Mere Eglise (primera villa liberada en Europa), Pegasus Bridge en Benoville o el cementerio alemán de La Cambe.

Si hace 70 años el horror de la guerra convirtió Normandía en un infierno, ahora es un contínuo tributo a la paz. El respeto y la memoria por aquellos que sacrificaron sus vidas a partir de aquel 6 de junio de 1944 encoge el corazón de cualquiera. Impresiona ver la inmensidad de Omaha Beach sin un solo bañista en pleno verano. Y es que, con el cementerio militar americano dominando la playa, resulta inevitable trasladarse mentalmente a aquel lugar teñido de sangre. Sólo esto explica una soledad que conmueve.

Sin embargo, Normandía es algo más que el Día D y la Hora H. También muestra otros encantos. Sus verdes paisajes inundan de belleza villas costeras como Honfleur, junto al majestuoso puente que cruza el estuario del río Sena para acceder a la ciudad portuaria de Le Havre. Precisamente, por esa ruta se accede a Etretat con sus imponentes acantilados, un lugar en el que Monet se inspiraba para sus obras pictóricas. Al otro lado de esta región francesa está el Mont Saint Michel, una leyenda donde el tiempo se detiene al son que marcan sus increíbles mareas, todo un espectáculo natural digno de ver y vivir.

Bayeux o Caen son algunos de los principales cascos urbanos normandos y puntos obligados de visita. La gastronomía de Normandía se distingue por su marisco y, especialmente, por los mejillones. Tampoco falta en cualquier mesa el famoso queso de Camembert, la sidra rosa y, cómo no, el licor de Calvados. Si el litoral es el elemento más frecuentado, el campo normando con sus llanuras rubias, sus valles, sus bosques de hayas y robles le convierten en una fuente de paz, belleza, historia y memoria. Así es Normandía.

Mont Saint Michel

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