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Diario deportivo de Alicante

El camino del Hércules a la nada

J. A. SOLER / @jasoler65

Si el Hércules lleva dos temporadas coqueteando con el descenso a Segunda B, con muchas jornadas en zona de peligro entre ambos ejercicios, es que hay un problema serio en el club. No es una cuestión de mala suerte, errores arbitrales, jugadores que no rinden o decisiones equivocadas en el banquillo. Es algo que va mucho más allá de todos estos factores.

El Hércules está herido de muerte desde que se metió en un tercer proceso concursal tras acumular pérdidas millonarias entre 2008 y 2011. Solo en esos tres años el club tuvo un desfase económico de casi 50 millones de euros, a los que hay que unir los 18 del IVF o los desmanes cometidos en los primeros diez años de la era Ortiz, que no fueron pocos.

Decía Enrique Ortiz hace unos días que “gracias” a la LFP el Hércules ya no se gastaba más de lo que tenía. Un principio tan básico como elemental en cualquier orden de la vida se ve como algo extraordinario en los despachos de la SAD blanquiazul. Y es que antes de que la Liga Profesional enseñara el camino, las barbaridades cometidas son las que han llevado al Hércules a una situación límite que, sin duda, se traslada al terreno de juego.

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Gracias a la gestión que se ha llevado durante años en el club alicantino, Ortiz tuvo asumir un letal convenio de acreedores que le obligó recurrir a agentes externos como Quique Pina para rellenar una plantilla que es cualquier cosa menos competitiva. Quique Hernández cometió el error de aceptar unas condiciones infames para la confección del plantel y ahora lo está pagando el equipo. Y veremos si no termina por pagarlo él.

El que no lo está pagando, por el momento, es el responsable de este desaguisado por mucho que se declare salvador de la causa por hacerse cargo de la mitad de la factura de esta fiesta de terror que montó él solito. En la afición ya no cuelan cortinas de humo en forma de promesas que nunca se cumplen. Todos saben ya por qué el Hércules está camino del infierno o algo peor desde hace dos años.

Lo peor es que ese terrible paseíllo hacia la nada tampoco encuentra voces de protesta desde la grada. De evitar eso ya se preocupan los mismos que ordenan retirar pancartas reivindicativas contra el cierre de Coca Cola en el estadio propiedad de Aligestión. Claro que esa situación terminó siendo más productiva de lo que parece pues sirvió para que las protestas de la grada no se dirigieran al palco y sí hacia lo que le estaban haciendo a esos trabajadores alicantinos. Una situación indicadora de lo que sucede en el Hércules y de lo poco que se puede hacer por esta institución desde la calle. Por desgracia, nada.

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