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Diario deportivo de Alicante

El ariete

JOSÉ F. PERSONAL / @jfpersonalcases

El término ariete, en su primera acepción en el diccionario de la Real Academia Española, dice lo siguiente: “Máquina militar que se empleaba antiguamente para batir murallas, consistente en una viga larga y muy pesada, uno de cuyos extremos estaba reforzado con una pieza de hierro o bronce, labrada, por lo común, en forma de cabeza de carnero”.

En la segunda acepción, ya dice “en el fútbol, el delantero centro”. El Hércules ha marcado esta temporada 16 goles en 20 jornadas. Bien es cierto que tampoco encaja mucho, pero los números no cuadran. Para estar arriba en la tabla, hace falta gol. Y no es que no se tenga, es que la falta del mismo empieza a ser una losa para la plantilla.

Los blanquiazules llegan a cada batalla sin la viga larga con cabeza de hierro. Y las murallas se hacen indestructibles. Para colmo, en el ímpetu por romper la fortaleza rival, tu muralla se empieza a agrietar. Y el adversario, con muy poco, consigue penetrar.

Vaya de antemano que no confío en milagros ni en fichajes de enero salvadores. Pero creo que para no dejar que la temporada se vaya a la deriva, hace falta probar al menos, con el refuerzo de un ariete. Con más o menos gol, pero que asuma la función en sus espaldas. Porque esta falta de sumar tantos al marcador empieza a afectar a una plantilla que revive fantasmas pasados. Batallas perdidas de antaño.

E ir a una batalla con la certeza de que no tienes armas para vencerla, no es el escenario más idóneo. Porque de igual manera que cuando un equipo está on fire todo le entra, cuando está negado nada toca la red. Y en cada disparo la convicción es menor. Y perdón con el eterno paralelismo entre el fútbol y lo bélico, pero es que el asunto viene al dedillo.

Un delantero para Planagumà

Pese a la crisis, la situación no es mala. A poco que se fiche un 9 que haga lo que Emanà no puede, y lo que Carlos Fernández tampoco ha logrado, todo se verá con otros ojos. Carlos Martínez está con buenos números, visto como un segundo punta. La liga es larga. Pero hace falta ese arma que atine al primer disparo. Ese jugador que reste responsabilidad a los compañeros, que se atreva a pedir el balón para darle el último toque.

Planagumà ha formado un bloque que, guste más o menos, siempre está cerca de ganar. Unas veces el palo lo evita, otras, un tiro desde cincuenta y cinco metros da los tres puntos. Sin pretender excusar la mala racha en la suerte y la fortuna, no es desmesurado decir que en las últimas jornadas no acompaña.

A nueve puntos del primer puesto a 13 de enero y con unos muy buenos mimbres, conviene mantener la calma. Ralativa, pero no ser derrotistas. De hecho, no hace mucho se hablaba de frenar o no la euforia. Euforia y drama, dos términos muy herculanos, que la RAE no debería tardar en darles unas pinceladas blanquiazules en sus acepciones.

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