EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

El abismo y el Hércules

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO / Foto: Jorge Soler

Lo que en verano parecía una comedia de enredo (la mala sintonía entre Planagumà y Javier Portillo) lleva camino de convertirse en la peor tragedia deportiva para un club de noventa y siete años de existencia, sólo seis meses después de perder un ascenso en Ponferrada.

La agonía persiste y los números hablan por sí solos de una debacle sin precedentes en un club de la solera del nuestro en esta aciaga categoría . Trece puntos sumados sobre cincuenta y uno disputados, es decir un 25,49% de los puntos en juego para un equipo que empezó la liga con el único objetivo de ser líder (las hemerotecas están llenas de datos de ese tipo). Diez duras derrotas , cuatro de ellas en casa. Cero victorias ante los cuatros primeros y cero ante los cuatro últimos. Tres solitarias y casi anecdóticas victorias en diecisiete partidos y una racha actual de siete partidos sin ganar que abochornan a cualquier herculano. ¿Peor imposible? No crean, aún se puede hacer peor y lo normal es que nos vayamos al parón navideño con once derrotas ligueras y eliminados de la Copa del Rey.

Eso es lo normal porque el equipo está muerto y enterrado. Carece de amor propio, está superado por los acontecimientos y adolece de falta de liderazgo. Mucha calidad, pero ni se sabe defender , ni se crea un pimiento, ni se marcan los goles que necesitamos para salir de este atolladero.Es el momento de abrir la puerta del vestuario de par en par y dejar salir a todos aquellos jugadores que no estén por la labor de darlo todo. Me dan absolutamente igual los nombres, sus números y las cuantías de sus contratos.

Esto solamente se puede salvar con una implicación del 200% de todos los jugadores en el terreno de juego y no con palabritas de capitán en la rueda de prensa. Los buenos jugadores hablan en el césped y no tienen que pedir perdón a nadie porque dan todo lo que tienen. Aquí no sucede eso y duele decirlo. Llevamos más de un mes hablando de que hemos tocado fondo y tras un cambio de entrenador (el enésimo) nos permitimos el lujo de regalar un triunfo al rival menos goleador de la categoría y  para más inri, un rival directo.

Sin fútbol, sin actitud, sin posicionamiento, sin movilidad, sin remate, jugando al trote toda la segunda parte. ¡Bochornoso! Los jugadores se han ganado que nadie confíe en ellos, el nuevo entrenador con su mal planteamiento, sus pésimos cambios y sus inapropiadas declaraciones en prensa, ya está cuestionado desde la primera jornada y todo apunta que de seguir así, tampoco acabará la liga.

Soy muy pesimista con el resultado final de esta temporada si no se produce un cambio radical en la actitud del equipo y si no se refuerzan  apropiadamente todas las líneas del equipo.

Hace falta frenar el golpe y algunos de estos jugadores no nos sirven para salvar la categoría porque su perfil no es el adecuado. Esos son los que tienen que salir. Aquellos que solo se motivan cuando viene el aire a favor y todo sale de cara.

En estos tiempos convulsos, apostaría sin lugar a dudas por la vuelta de Chechu Flores. El vestuario le necesita y el equipo aún más. Resultaría  extraño que un jugador veterano que había acabado un ciclo después de fallar varias veces en el intento de ascender, tuviese que volver al club pero es la manera más segura de tener un líder, un jugador comprometido y que sabes que te va a sacar las castañas del fuego en partidos como el de ayer contra el Badalona.

Además de la vuelta de Chechu Flores, que es una absoluta prioridad, con un contrato de dos años y la posibilidad de ser entrenador del fútbol base tras su retirada, necesitamos dos centrales contundentes, aguerridos y con recorrido en la categoría, un lateral derecho que compita con Felipe Alfonso, puesto que Olmedo tiene mucha calidad pero es interior diestro y debe competir con Jesús Alfaro, un lateral izquierdo sub-23, un mediocentro creador, algo que no tenemos en la plantilla ni hemos tenido desde la marcha de David González y un delantero con confianza, visto que los que tenemos o bien están hundidos en la miseria o bien pecan de indolencia y eso es sinónimo de descenso de categoría. Es posible y hasta deseable que algunos de esos refuerzos procedan del B, ya que el arraigo de la cantera es sinónimo de compromiso y si baja el primer equipo, arrastrará al filial.

En definitiva se necesitan siete  fichajes para cambiar el final de la tragedia deportiva en 2020, y además se requiere acierto. Una misión muy compleja para la nueva comisión deportiva encabezada por Ramírez. Como se hagan solo un par de cambios al 90 % estaremos en tercera división porque este grupo de jugadores no sabe competir en esta tesitura y seguirá bloqueado.

Hablamos de hacer una segunda vuelta de play off de ascenso sumando treinta y dos puntos , lo que implica ganar la mitad de partidos en juego. Pasar de la noche al día rara vez sucede y menos en esta división en la que no eres nadie sin confianza, cerrojo en defensa y pegada, cosa que desgraciadamente no tenemos ahora, solo una colección de nombres que no rinden, sobrevalorados y en clara trayectoria descendente. Un erial, así que sin un cambio drástico en el vestuario nada será posible.

Respecto a la situación institucional todos sabemos lo que hay. El proyecto de Enrique Ortiz está agotado desde que estalló la operación Brugal en 2010 y salieron a la luz aquellos supuestos amaños del final de aquella temporada del ascenso en Irún. En aquel momento se tenía que haber producido un cambio pero estamos en lo de siempre, para que eso se dé, debe existir una voluntad de vender por parte del máximo accionista, que es el que tiene la sartén por el mango. Los aficionados solamente somos “clientes de la SAD”, para nuestra desgracia. Esa ley nociva anuló gran parte de nuestro derecho de réplica. Nos queda protestar y eso solo va a ocurrir si seguimos perdiendo partidos y descendemos porque todos sabemos que si la pelotita vuelve a entrar la mayoría de gente se va a conformar con seguir como estamos, por más que esta deriva institucional autodestructiva y muy poco profesional, nos seguirá convirtiendo en un club menor, un clásico de bronce en el mejor de los casos, muy lejos de lo que la afición merece.

Respeto todas las opiniones pero ahora hay que centrarse en salvar lo deportivo, que es el motor de la entidad y lo que da sentido a un club futbolístico. La urgencia es máxima y no es el momento de hablar de modelo de club, aunque sepamos todos que el actual ha fracasado con estrépito.

Si hay un cambio accionarial que sea para bien y consensuado con las instituciones públicas ( ayuntamiento y Generalitat Valenciana) que tantas veces nos han ayudado en tiempos de crisis.Enrique Ortiz llegó de la mano de Alperi, así que debe ser el alcalde Luis Barcala, el que le conmine a vender sus acciones si hay una buena oferta, de una manera tranquila  y beneficiosa para todos, especialmente para el club.

Lo sensato es centrarse en lo deportivo ahora y según como transcurran los acontecimientos que se pueda dar un cambio real tras veinte años de una gestión globalmente negativa para el club, pero siempre sin perder de vista que el objetivo es que el Hércules C.F. mejore, que siga existiendo muchos años más y que consiga tener al fin un proyecto a largo plazo basado en un modelo bien definido, con la cantera como principal motor y una gestión de la que nos podamos enorgullecer los alicantinos y herculanos, incluso al margen de los resultados deportivos.

Estamos a tiempo de cambiar el guión de la tragedia, pasar de Sófocles a Teócrito, dependerá de la actitud y acierto de unos futbolistas que para mí a día de hoy son los grandes señalados, al margen de todos los  errores y desmanes de la era Ortiz, que no olvidemos que también ocurrieron cuando la entidad se salvó de la desaparición en el verano del 2000, cuando se ascendió en Alcalá, cuando teníamos un equipazo en 2 A con Tote, Farinós, Abel Aguilar y Delibasic, cuando ascendimos a Primera, cuando ganamos en el Nou Camp o Anoeta y en casa ante el Sevilla, At. Madrid o Zaragoza, cuando vencimos 2-6 en Murcia o 0-3 en Elche o en menor medida cuando nos quedamos a punto de ascender ante Cádiz y Ponferradina en 2016 y 2019. Que el proyecto esté agotado y se requiera un cambio no exime de reconocer que todo no ha sido negativo en estos veinte años, pero solo se critica cuando vienen mal dadas, es ley del fútbol.

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