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Diario deportivo de Alicante

Dos lágrimas de un herculano cualquiera

ANDRÉS CALVO SÁNCHEZ

Este martes 13 de junio de 2017 mi hermano me enviaba un whatsapp con un enlace en el que podía leer la intención de comprar una plaza en el fútbol profesional como estrategia para salir indemne de la situación con Hacienda, algo que podría significar la desaparición del club, por parte del que maneja los hilos en la SAD desde hace casi dos décadas. En este tiempo ha conseguido llevarnos a la quiebra institucional, social y deportiva, así como a un estado de ánimo marcado por la desidia y desilusión entre los aficionados. Y es que mientras leía los planes del quién controla el Hércules, me dí cuenta de que me caían dos lágrimas. Dos lágrimas que podrían significar pena, impotencia, indignación etc., etc. Y sobre todo el decir: Hasta aquí hemos llegado.

Desde que el empresario estrella de la provincia de Alicante se hiciera con el mando del Hércules, ha conseguido mancillar el honor y el orgullo de ser herculano, faltando al respeto a nuestro escudo y nuestros colores, y con ello a todos los que en nuestro corazón late ese sentimiento blanquiazul que se encargaron de forjar tanta gente que ha pasado por el histórico club de fútbol alicantino (Guixot, Rico Pérez, Arsenio, Giuliano, Humberto, Baena, Pavlicic, Rodriguez, incluso Aniceto Benito o Paco Luna, etc, etc), con aciertos y desaciertos, pero seguramente con la máxima dedicación y la mejor intención, decidiendo irse en el momento oportuno y, sobre todo, sabiendo que detrás hay una responsabilidad y muchas personas.

Pues un equipo, un escudo, unos colores son esas personas que fielmente lo siguen, se alegran y sufren, ríen y lloran con su fracasos y logros, aquéllos a los que nuestros abuelos y padres nos han contado hazañas vividas y en mi caso, por razón de edad, llevado al Rico Pérez desde niño. Hemos pasado momentos muy duros, ya que ser del Hércules, como todos sabemos, es sinónimo de sufrir. Y eso lo hace más bonito.

No obstante, pienso que es el momento de movilizar al herculanismo que se han encargado de amansar, en gran medida a través de coacciones y sanciones (sufridas en mis propias carnes) por el mero hecho de mostrarnos en contra de una gestión nefasta y la falta de respeto constante a la institución. Pienso que el amor al Hércules nos legitima a algo más que a asistir a un estadio sitiado por fuerzas de orden privadas y públicas, las cuales obligan a ponerte una cremallera en la boca o, como mucho abrirla, para comer pipas mientras vemos un auténtico despropósito deportivo una y otra vez, consecuencia de las constantes decisiones tomadas por una dirección deportiva supeditada al caciquismo de este personaje innombrable que nos dirige desde hace ya dieciocho largos años, que pone y quita a su antojo, aunque siempre deja a los mismos, miembros de su familia y allegados, obviamente. Y cuando alguien lo hace bien, como Sergio Fernández entre otros tantos, pero no es de su clan, se deshace de él y todo acaba como ya sabemos.

A veces sueño con una movilización blanquiazul por las calles de la ciudad, pidiendo que se vayan a su casa de una vez, pues somos los auténticos propietarios, los que estuvimos, estamos y si se llega a un acuerdo con Hacienda, siempre estaremos. Supongo que en este tipo de concentración de herculanos no nos podrían poner la venda en la boca, o lo que es lo mismo, aplicar la Ley del deporte, que es a lo que se ciñen para hacernos callar en el estadio y alrededores. Es muy triste ver como nadie protesta, como una y otra vez, orejas gachas y a casa después de fracaso tras fracaso. Eso por no hablar del desastre económico e institucional en el que nos ha metido y que nos puede llevar a la desaparición. Aficiones como la del Sporting de Gijón, Alavés, Betis, Zaragoza, Racing de Santander se han alzado en pie de guerra contra dirigentes de similares características a los que tenemos aquí y les han obligado a irse. Y al margen de la categoría en la que militen han recuperado su dignidad como afición, algo de lo que por aquí andamos bastante escasos, además de lograr limpiar su escudo y sus colores.

Así que, sin extenderme más, pido desde aquí a los herculanos movilizarnos de una vez y que podamos gritar todos juntos “VENDE Y VETE”, “GRACIAS Y ADIÓS” ,”HÉRCULES SOMOS NOSOTROS”  hasta la saciedad, hasta lograr que se vaya todo lo que huela a la familia.

Un herculano del montón, al que le han vuelto a caer dos lágrimas mientras escribía esta carta.

 

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