EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

De paseo por el Rico Pérez

ÓSCAR CRESPILLO/@ocrespillo

Un año más, un nuevo crucero por aguas turbulentas. Lo de los viajes de placer por estas tierras ni recordamos lo que son. Si acaso, cuando leemos que no sé cuántos cruceristas dejarán unos cuántos miles de euros en la ciudad, ahí imaginamos que esos visitantes quizá sí estén disfrutando de un mar reposado.

Empezábamos jugando en casa. Contra el Ontinyent. Un equip valencià que no está atravesando su mejor momento. Pero ni aún así las teníamos todas con nosotros. Presuntos Implicados nos cantaría aquello de “cómo hemos cambiado”.

Echas la vista atrás y recuerdas cuando jugaban Gonzalo, Dudo, Janko o Alfarito sabiendo que ibas a disfrutar. Ahora no: ya pueda venir un Ontinyent muy por hacer o el Betis SanHermenegildo de cadetes, que sabes que el sufrimiento no te lo quita ni tres Trankimazines.

Llegar al estadio con la familia y ver que unas seis mil personas te acompañan en pleno verano, un domingo en el que  se solapaba el final del partido del Hércules con el comienzo del partido del Real Madrid, ya era motivo para sacar barriga.

-“¡Mira, Isabel, mira cuánta gente hay!”

A lo que mi hija, de solo seis años, me decía sorprendida: “Papá, pero si está muy vacío”.

La pobre no recordaba cuando el año pasado eramos tres mil. Cosas de la infancia.

A los ocho minutos: ¡gooooooooool! Anulado. La madre que matriculó al árbitro. Y primeros gritos de la grada: ¡manchego tenías que ser! (aún estoy intentando explicar a Isabel por qué un manchego no puede ser buen árbitro porque lo dijo el señor de gafas de detrás).

Dos minutos más tarde: ¡goooooooooool!  ¡José Fran! Este sí. E Isabel decía. “jo, papi, ya ganan dos cero. ¿Ves como el Hércules sí es campeón?.

-“No, cariño, van uno a cero. El primero el árbitro….” Y llega Falcón y comete penalti.

-“No, cariño, van a ir uno a uno”.

-“Pero , ¿por qué, papá?”.

Llegamos al descanso y la música rock a todo trapo inunda suavemente nuestros oídos mientras la gente va al aseo a hacer la típica liturgia de orinar, y hablar con el primero que te encuentres de cómo está viendo el arranque de temporada.

E Isabel ya comienza a decir que está cansada…poca Segunda B ha visto mi peque, lo confieso.

Llega el segundo tiempo y en el minuto 70 de partido propongo a la familia ir saliendo. Mi bendita, santa e inigualable mujer se levantaba a las cinco al día siguiente para hacer turnos de mañana en su empresa. Sorprendido, pues mi mujer tiene de herculana lo que Enrique Ortiz de buen gestor en la Sociedad Anónima Deportiva de la que estamos hablando, me afirma: “¿Irnos? Pero si está muy bien el partido. Vamos a quedarnos”.

Y mientras, mi hija le contestaba: “Mamá, estoy cansada. A lo mejor es verdad lo que dices, que el Hércules es champiñón y no campeón”.

Los minutos avanzaban y el portero del Ontinyent se empeñaba en enfadar al Fondo Sur, al perder más tiempo de lo normal y dedicar dos gestos a esa parte de la grada que no eran muy educados precísamente.

-“¡Chicas, vamos que quedan tres minutos y hace años que no ganamos en el último minuto!”.

-¡”Papá tiene razón, mamá: el Hércules es un champiñón!”

Y yo pensando que vaya semanita me esperaba. Tener que aguantar a los vecinos decirme que ellos empataban en Pamplona, nosotros en casa con el Ontinyent y la niña los peines recordando los champiñones.

Pero la justicia divina se vistió de arte y Juli me hizo estallar como si fuese el gol del ascenso. Justo en la puerta ocho, a punto de bajar la escalera: gooooooooooooooooooooooooooool.

Ya solo quedaba abrazar a mi hija, cogerla en brazos, saludar a Craviotto,  portero del Ontinyent, para que viese que en Alicante también sabemos corresponder los gestos cariñosos y decirle en voz alta a mi hija: “Isabel, ¿qué es el Hércules?”. Mi hija, aplaudiendo, sonriendo y feliz respondió: “campeón, papá. Es el Hércules campeón”.

Y así pasamos la tarde en el Rico Pérez. Dentro de unos días veremos si sigo convenciendo a Isabel que el Hércules es campeón o seguimos con los malditos champiñones. De momento, felices estamos. Y el proyecto nos gusta: más que esos champiñones, setas o lo que sean

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