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Diario deportivo de Alicante

Portillo, algo más que una decisión

J. A. SOLER / @jasoler65

El fútbol tiene unos códigos no escritos que en el Hércules no se han tenido en cuenta desde hace tres lustros. Así ha lucido el pelo. Por mucho que sus constantes vitales indiquen que hay vida tras el descenso, para muchos está muerto.  Ha perdido el alma, un principio inmaterial que da sentido a todo aquello que se mueve desde el sentimiento. Si el club alicantino ha sobrevivido a pésimas gestiones de sus dirigentes, ninguna tan nefasta como la de los últimos 15 años, ha sido porque la entidad siempre ha mantenido su identidad y, sobre todo, ese espíritu pasional que convierte el fútbol, y en consecuencia el Hércules, en algo irracional.

Da la impresión de que Enrique Ortiz jamás ha entendido algo tan elemental como esto. De lo contrario nunca se habría saltado estos códigos del fútbol. Y es que hace justo dos años hizo saltar por lo aires un proyecto en el Hércules que medianamente funcionaba por imponer el fichaje de un futbolista que solo cuatro meses antes había sido aplaudido en el Rico Pérez vistiendo la camiseta de otro equipo, la UD Las Palmas. Es decir, no existía animadversión hacia el jugador, sino al régimen que lo trajo.

Nos referimos, lógicamente, a Javier Portillo. Que la ovación de principios de 2012 se transformara en crispación poco después tiene una explicación facilmente comprensible para todo aquel que conozca mínimamente esos códigos de los que hablamos. La imposición del retorno del delantero madrileño, al que diez meses antes el Hércules tuvo que indemnizar para que se marchara a Las Palmas, simboliza la desastrosa gestión de Enrique Ortiz en la SAD. Y los pitos de la grada a Portillo van dirigidos a todo lo que hay detrás de un futbolista que, sin ninguna duda, es una víctima más de quién antepuso sus intereses personales y familiares a los del club.

Las razones para que Portillo no continúe en el Hércules deberían ser las mismas que utilizó Slavisa Jokanovic para no alinear al yerno de Enrique Ortiz en el último partido. Dani Barroso sabe perfectamente que un foco de tensión de esta magnitud es un obstáculo demasiado grande para trabajar con normalidad en la planificación deportiva de un club tan complejo como el Hércules. No es una cuestión de que la afición sea justa o no en esta situación, motivos tiene para ello, es una realidad que se llevó por delante a sus antecesores en la parcela técnica, tanto los que optaron por ser políticamente correctos como el único que no lo hizo.

Comentábamos el día que se hizo oficial la incorporación del nuevo director deportivo que el primer test que debía afrontar era el caso Portillo. Una especie de examen final en el primer día de clase. Porque no es una decisión más, es una cuestión de credibilidad e independencia en el trabajo, dos valores que hace muchísimo tiempo se perdieron en el club alicantino. Dani Barroso, un buen profesional que puede aportar mucho, tiene la oportunidad de recuperarlos, aunque eso rompa en mil pedazos su sueño de estar mucho tiempo en este cargo. Si por conservar su puesto hace lo mismo que sus antecesores, la paz nunca se instalará en el Rico Pérez y pronto le harán la cruz como sucedió con Mandiá, Pitarch… Este es el Hércules de Ortiz. Bienvenido.

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