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Diario deportivo de Alicante

Cruyff, en el ático de la historia

CARLOS DE ZARAGOZA

La RAE, en su 3ª acepción, define “trascendencia” como “aquello que está más allá de los límites naturales”. Harían bien los guardianes de la lengua de Cervantes en incorporar una fotografía de Cruyff para abrochar definitvamente el concepto. Porque ni ha habido, ni habrá jamás nadie que dé al deporte más practicado del planeta el revolcón mágico que el Flaco le dio como jugador y como entrenador. Pelé, Maradona, y sobre todos Messi, han plasmado la perfección individual en el campo. Pero no cambiaron el fútbol. Cruyff sí, y para siempre.

Ya sé que Rinus Michels y otros maestros planearon cambiar este juego, pero fue ese Junco con 6 velocidades en las piernas y 14 (como su dorsal) en su cerebro, quien hizo posible en el campo el sueño holandés basado en el toque y el movimiento. Dios le dotó con una caja de cambios natural que ya nunca se ha vuelto a ver. Tenía el sprint más elegante jamás visto, y era tan supersónico en carrera como frenando en seco, lo que le hacía indescifrable. Estaba tan convencido de su superioridad, que se autonombró mariscal siendo un crío en el Ajax, y gobernaba los partidos como si fuera un profe dando clases a niños de primaria. Él paraba el tiempo y el balón, y sus marcadores, temerosos, le observaban dando órdenes de desmarque o echando broncas a sus compañeros. Así llevó al Ajax a ganar 3 Copas de Europa seguidas con una superioridad insultante.

Yo mismo he escrito que se debía dar a Maradona el premio al jugador que ha realizado el mejor mundial de la historia… Pero creo que el de Cruyff en el 74 no le va a la zaga, pues por mucho que ganara Alemania aquella final, la Orange subió a los altares para siempre y certificó una revolución que cambió el ritmo del fútbol para los restos. A Johan le faltó un Burruchaga que la metiese, como tambien le faltó a Messi en Brasil 2014. Y os diré otra cosa, al igual que el gol de Diego a los ingleses perdurará siempre, la imagen del saque de centro en la final de Múnich 74, con la Alemania toda parapetada ante el Flaco, y Berti Vogts intentando esprintar y frenar al ritmo del holandés volador en una carrera de 50 metros que acabó en penalti, no se olvidará jamás. Ni el arbitraje que permitió acribillarle gratis a patadas.

Fue Cruyff quien me hizo del Barça en mi adolescencia. Mi mundo giraba entonces alrededor del madridismo generalizado, y de mis “zaraguayos”, con Arrúa y Diarte como estandartes de un Zaragoza maravilloso, apuntalado por tipos de la tierra como Violeta y Planas. Pero un año vi pasar por la Romareda el Madrid de los Pirri y Amancio en decadencia, con intento de atraco indecente incluido, y al Barcelona de un Cruyff al que habíamos visto su gol a Reina en ese vuelo inaugural en el Camp Nou. La forma de driblar en carrera del holandés y su juego con ambas piernas me dejó marcado. Y además, creo que presentí que ese tipo era el arma letal que terminaría con la gran mentira del Real… ¡Voto a bríos que no me equivoqué!, aunque se necesitaron varias décadas para tocar ese sueño con los dedos.

Cruyff se sabía un elegido para la gloria, y actuaba como tal. Nunca era culpable de nada, y si lo era daba lo mismo, echaría la culpa al entorno y punto. O le dejaban gobernar a su antojo, o era capaz de todo. Yo estoy seguro de que Holanda hubiera ganado con él en Argentina 78, pero les dejó plantados. Aplicaba a rajatabla su lógica de que el nº 1 en sueldo debía mandar, y como cuando jugaba ganaba más que nadie, pues el entrenador era un estorbo si no se plegaba a sus designios. Esa forma de ser empobreció su palmarés con el Barcelona tras un primer año fenomenal.

Como los otros grandes de la historia, fue inimitable jugando. Henry se le acercó en elegancia esprintando, y Van Basten driblando. El Mágico González tenía clase para haberle sucedido, pero prefería vivir a entrenar. Pero lo que le destaca del resto del mundo es que fue sobre él como jugador sobre quien se cimentó el fútbol moderno, y que él como entrenador puso las bases para la sublimación de su lógica irreverente, basada en poquitos conceptos, pero aplastantes. Veamos:

– Sabía que el único que corría más rápido que él era el balón. Y diseñó un curso de doma: el rondo a la velocidad de la luz, como arma letal…defensiva. Si la pelota es tuya, los rivales corren, pero no te dañan. Requería gente de cerebro veloz, técnica depurada, y pies obedientes. Control y pase. Daba igual la estatura o la musculatura.
– Eliminó de la faz del centro del campo al pasador en largo de toda la vida, y lo mandó atrás, porque un Koeman sacándola jugada eran treinta posesiones más por partido, y varios destrozos al rival mediante pases de 60 metros.
– Inventó el “jugador ancla” para generar superioridades sin arriesgar el tesoro. Y dejó el molde para fabricar en la Masía tipos que hacen fácil lo difícil. La versión .0 fue Milla, pero luego llegaron Guardiola, Xavi y Busquets… con Messi e Iniesta al quite. Casi nada.
– Consideró al 9 de siempre como un estorbo para jugar bonito, algo que el mundo le deberá agradecer siempre. Por eso pobló el césped de Laudrups, Stoichkovs, Chiquis o Romarios, en vez de armarios para rematar centros al área, algo que consideraba una ordinariez solamente digerible en caso de necesidad extrema, que es cuando mandaba al Alexanco de turno por si sonaba la flauta.

En definitiva, a pesar de correr riesgos suicidas a veces, y de muchos errores que nunca reconoció por su soberbia de maestro infalible, Cruyff preñó al Barça de un estilo inconfundible. Y lanzó un mensaje al mundo: que jugar de puta madre es el camino mas corto a los títulos. Terminó con el “ganar como sea”, trasladando a 600 kms. complejos atábicos que parecían perennes. Tal fue la patada moral al enemigo, que llegaron a echar a Antic yendo líderes, porque no soportaban la comparación en el juego. Y la cosa perdura gracias a discípulos como Guardiola o Lucho. Pep, vía Xavi, Iniesta y Messi, llevó el juego al rien ne va plus. Seguro que partidos como el de la final de Wembley ante el ManU o la de Tokio ante el Santos son lo más parecido a la perfección que el Flaco diseñó en su mente. Y de todo ello se aprovechó España para sobrevolar en el mundo por encima del resto, aunque mucho pavo merengue niegue la mayor.

Hoy me dan igual sus defectos. Lo que queda es su “Balada de Genio irreverente”. Él si que fue el principio de todo. Muchos le tomaron por loco con suerte por sus tres Ligas in extremis, pero con suerte o no, el Barça jugaba mejor que nadie en el mundo. Otros le tildaron de dictador y caradura, al sacudir el polvo de las derrotas hacia los demás. Hoy, con esa mirada amplia que nos otorga el tiempo, todo aquel que sabe un poquito de esto no duda de que Cruyff dictó los principios de la obra más trascendente de la historia del fútbol mundial: el Estilo Barça.

Me alegro de que se sintiera feliz al ver a Messi imitar su penalti. Él tenía claro que Leo es el mejor de siempre con diferencia, pero también sabía que ni Messi ni nadie podrá acceder nunca a ese ático donde sólo habita la gente que, “en un momento dado”, cambió el curso de las cosas para siempre.  Eso sí. Si hay un Dios… que se prepare. Johan no admitió jamás un jefe.

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