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Diario deportivo de Alicante

Cracovia lo vale y lo merece

J. F. PERSONAL / @jfpersonalcases

Lo primero que sorprende al llegar al centro histórico de Cracovia es la cantidad de españoles que comparten destino. Lo cierto es que es un lugar estupendo para visitar, por lo histórico, bonito y económico. Un vuelo de ida y vuelta puede ser adquirido por unos 80 €, un buen apartamento para cuatro días y tres noches ronda los 50 € por persona (en total), y una magnífica gastronomía es raro que supere los 4 o 5 €.

El vuelo, directo desde Alicante, dura algo menos de tres horas. Resulta majestuoso atravesar los alpes desde el cielo para alcanzar Polonia. Una vez en el aeropuerto Juan Pablo II, escasos once kilómetros separan el centro de la ciudad. Cracovia fue la antigua capital de Polonia, hoy lo es Varsovia, pero en ella puede apreciarse gran parte de la diversidad cultural de Europa: sinagogas judías, e iglesias católicas y ortodoxas se funden en un pequeño casco antiguo con arquitectura renacentista, barroca y gótica. catedral-de-cracovia

El clima es frío, salvo en los frescos veranos. Ya en noviembre el termómetro puede descender de cero grados, pero con un calzado y abrigo adecuado, y un estupendo vino dulce que se sirve caliente y se encuentra en cualquier plaza o bar, se puede entrar en calor. Si esto no fuera suficiente, Cracovia ofrece unas deliciosas sopas calientes de diversos sabores que templan cualquier cuerpo. La moneda local es el Zloty, alrededor de cuatro zlotys y medio equivalen a un euro, y resulta muy fácil cambiar dado los numerosos comercios habilitados para ello. Los pintorescos mercadillos con motivos navideños se establecen a finales de noviembre.

En Craców, nombre polaco, es visita obligada el centro histórico y el barrio judío. Es fácil encontrar en la plaza central unos guías que portan un paraguas con la bandera del idioma que hablan: ellos acompañan al turista explicando cada detalle de la ciudad, suelen ser estudiantes que no tiene ninguna tarifa, solo un propina a criterio del viajero. Estos hacen un tour por la ciudad de excelente calidad, mostrando mágicos rincones, iglesias, bares, el castillo, murallas, e incluso la residencia del Papa Juan Pablo II (D.E.P.) en sus numerosas estancias durante su papado.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) tiene gran protagonismo en la ciudad. Polonia fue invadida por el imperio nazi al comienzo de la misma, en 1939. Un mercadillo de artículos de época y de la guerra se establece cada domingo en el barrio judío. Una plaza impulsada por Roman Polanski, uno de los cineastas más importantes del Siglo XX y XI, y superviviente de la holocausto nazi, cuya madre pereció en Auschwitz, es uno de los monumentos que pueden visitarse. Destaca también la fábrica de Oskar Schindler, hoy convertida en museo, cuya historfabrica-de-oskaria impulsó a Steven Spielberg a dirigir en 1992 el multigalardonado film La lista de Schindler, basada en la novela El arca de Schindler (1982, Thomas Keneally). El niño del pijamas de rayas o El último tren a Auschwitz son algunas de las películas de notable éxito basadas en torno a Oswiecim, nombre anterior al ocupamiento y también el actual, de la localidad donde se ubica el campo de exterminio más extenso de los nazis. Pero esto se expondrá después.

Como curiosidad vale la pena visitar un precioso y enigmático café denominado “Singer”situado en barrio judío, en el cual cada mesa es una máquina de coser de la histórica marca, ¿quién no ha visto una Singer de algún familiar? Tranquilo y reposado de día; alegre y alocado de noche. También llama la atención un gran número de librerías y de comercios de instrumentos musicales, donde destacan las guitarras españolas Alhambra, firma española desde 1965.

Ya fuera de la ciudad, Auschwitz y las Minas de la Sal de Wieliczka son altamente recomendadas. Las minas se encuentran a quince kilómetros de Cracovia, tienen más de trescientos kilómetros de subterráneos y numerosas esculturas, son explotadas desde el Siglo XIII y se declararon Patrimonio de la Humanidad en 1978. El excursionista desciende tres niveles a pie durante la visita, unos quinientos escalones, para regresar en ascensor, por lo que no resulta cansado. Eso sí, no apto para claustrofóbicos.

Auschwitz, la fábrica de la muerte 

Un tiempo helado, sin sol, casi tenebroso, reina en la ciudad, y cobra sentido a setenta kilómetros de la urbe. No hay sonrisas en Auschwitz. Solo caras bajas, gestos serios, pasos lentos y tristes. Se aprecian lágrimas. Una bandera de Israel es portada con orgullo por un turista. Entre un millón y millón y medio de personas fueron asesinadas en Auschwitz I y II, desde su construcción en 1940, según los historiadores. Judíos, gitanos, homosexuales, presos rusos e intelectuales. Birkenau, nombre original, no se puede entender, pero visitarlo ayuda a sentir. entrada-auschwitz

Uno sale de allí con la sensación de que la única esperanza era morir lo antes posible. Solamente el frío, la falta de alimento, el trabajo esclavista, las plagas, enfermedades y un sinfín de atrocidades era suficiente para fallecer. Los enviados a este campo podían pasar encorsetados en vagones de tren para ganado hasta diez días, sin agua ni comida, hasta el fatal destino, el campo de exterminio. Llegar vivo a Auschwitz ya era un milagro. Vencerlo, una utopía. Entre cuatro y seis meses era la esperanza de vida allí. “La única salida, es a través de la chimenea del horno crematorio”, estas son la palabras que el jefe de campo anunciaba a los recién llegados.

Para el régimen nazi la dificultad no era asesinar, sino desprenderse de la cantidad de cadáveres. Hasta ocho mil al día podían incinerar en los hornos durante 1944, los cuales pueden visitarse. También las cámaras de gas. Montañas de utensilios judíos, ropa, cabellos, fotos. Un sin sentido, que además de servir para no volver a repetirse, hace cuestionar cómo hoy día hay conflictos armados en el mundo con la misma salvajidad.

Los trabajadores del campo son judíos. Una guía que habla español cuenta que sus abuelos fueron asesinados allí. No puede reprimir las lágrimas al recordarlo. Así cada día. Una esperanza se enciende en el viajero cuando le cuentan historias de héroes anónimos que jugándose la suya propia salvaron decenas, cientos, o una sola vida. Una sola es mucho.

Cracovia, en la edad moderna, ha sido sometida al Imperio Austriaco, al Imperio Francés, al Imperio Austrohúngaro, a la Alemania nazi y ha pertenecido al telón de acero del Comunismo. Bien merece una visita.

Mi reconocimiento a los guías españoles en Cracovia que he conocido, Paco de Badajoz, y Diego de Asturias. Y a mis acompañantes en tan apasionante y productivo viaje, Bora, Bibiana, Carlos y Begoña. Gracias.

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