EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Con Peña y con gloria

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO. Abonado 1.055 del Hércules.

El partido de ayer apuntaba a otro partido más en el Rico Pérez sin pena y sin gloria y en el descuento se convirtió en una excelente y épica victoria con Peña y con gloria blanquiazul. Fue un día de esos en los que te acabas reconciliando con el equipo de tus amores, en el que acabas por perdonar todos los pequeños errores acumulados y vuelves a confiar en la plantilla, en el objetivo de luchar por el ascenso.

Tenemos los herculanos el cielo ganado. Vivimos desde hace mucho en el alambre y caemos cíclicamente en el abismo de los resultados mediocres y las desilusiones sempiternas, pero algo está empezando a cambiar o al menos queremos creer que es así. Hemos pasado de tener un entrenador triste y apocado cuya psicología se contagiaba a los jugadores y entorno a otro de carácter enérgico y con gran poso de sabiduría futbolística. El resultado en cuatro partidos ya es evidente. Pasamos de perder en los últimos minutos a ganar. De tener dudas a creárselas a los contrarios. De pensar que la campaña estaba casi amortizada a empezar de cero y pensar que casi todo es posible.

Sin lanzar las campanas al vuelo de ningún modo, creo que hemos de disfrutar de las victorias y de esta inercia positiva y desde ella crecer como equipo. Por primera vez en toda la liga hemos dado la sensación de poder ser aspirantes. Y lo hemos hecho por la sencilla razón de haber ganado, pues las victorias en el fútbol lo son todo, curan todos los males, relajan el ambiente y convierten al malo en bueno, al viejo en joven y a la amenaza de ruina en oportunidad en el horizonte. El golpe de timón está siendo un éxito en resultados y si estos llegan es porque se hace lo necesario para lograrlos. No creo en la suerte, ni buena ni mala. Al final de una liga lo que se consigue es lo que se merece.

Paco Peña se merecía marcar ese gol en el partido de ayer, por más que alguno como yo pensemos que su tiempo en la banda izquierda del Rico Pérez ya pasó. Por más que desde la grada se le critique (a veces de forma justa y otras indiscriminada) su tendencia al exceso de confianza, cierto aire de superioridad ante los rivales o algún fallo puntual de concentración. Lleva 300 partidos dando la cara por nuestro club y eso sólo está al alcance de un jugador infatigable, profesional y con calidad. Puede que sea el mejor lateral izquierdo que hemos tenido en el último cuarto de siglo. Un verdadero lujo para un equipo como el nuestro, disuelto desde hace tiempo como un azucarillo en las cloacas del fútbol patrio. Su trayectoria como futbolista es asimilable a la última década del club: Punto de inflexión positivo con el ascenso en 2010, roce de gloria en el Camp Nou o ante el Sevilla y Atlético de Madrid en el Rico Pérez, vuelta al fango de la plata con deudas, hastío y urgencias, cisma en el club en 2012, descenso traumático en el 2014, dos intentos fallidos en 2015 y 2016 por salir de la cárcel de Guantánamo llamada Segunda B, ridículo espantoso en mayo de 2017 y primer proyecto de Portillo con salida nula hasta la jornada 9. Lo que tenga que pasar, pasará, pero espero que lo de ayer tenga continuidad y por fin tengamos en junio la alegría que nos merecemos. Puede ser un digno colofón a su dilatada carrera como futbolista. Un último servicio, el necesario ascenso con (Paco) Peña y con  gloria.

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