EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Con la cruz a cuestas

J. A. SOLER / @jasoler65

El problema del Hércules va mucho más allá de si la pelotita entra o deja de entrar. Tampoco es cuestión de si Quique Hernández continúa más o menos tiempo en el banquillo. Al final serán los resultados los que decidan, como siempre ocurre en el fútbol. El problema del Hércules es más profundo. Tiene una raiz que nació hace años, fuera del césped, y cuyas ramificaciones se extienden de forma peligrosa sin que nadie sepa como cortarlas.

Que el Hércules esté penúltimo cuando los objetivos marcados sean otros es algo anecdótico comparado con la auténtica realidad del club. Y es que con lo mal que está el asunto deportivo, no es lo más trascendente para quién no se fija únicamente en lo que pasa sobre el campo. La supervivencia de un símbolo de Alicante vuelve a estar en el disparadero como consecuencia de una pésima gestión administrativa y económica en los últimos años.

Esa misma gestión no solo ha llevado al Hércules a la ruina, sino que ha degradado su imagen a límites insospechados en los últimos tiempos. En ese escenario tan terrible, el responsable de este desastre tuvo que vender su alma al diablo para poder mantener vivo el juguete. Entregar el timón de la nave blanquiazul al presidente de otro club tiene sus riesgos y las jugadas arriesgadas en el Hércules nunca suelen salir bien.

Ocurrió hace 15 años con Antena 3 y Bahía. Ahora sucede con Quique Pina cuya forzosa llegada se produjo para tratar de amortiguar los irreparables daños causados por el último concurso de acreedores al que la SAD tuvo que recurrir porque alguien se gastó cuatro veces más de lo que ingresó hace tres años en Primera División. Ahí es donde nació el verdadero problema.

Que Quique Pina circule por el Rico Pérez es consecuencia de aquellos lodos. Que Quique Hernández no de con la tecla también tiene mucho que ver con ese fango. Su error fue prestarse a ello y vender lo invendible con este panorama. De ahí que el domingo la afición únicamente pitara a Portillo. En realidad, esos pitidos no iban dirigidos al jugador sino a todo lo que hay detrás de él. Esa es su cruz. La del Hércules es otra. Y todo el que mira algo más allá del baloncito sabe que esa cruz a cuestas puede acabar con 91 años de vida.

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