EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Como se dice en Sicilia, lo importante es la familia

FRANCISCO J. GARCÍA

Todos queremos que el Hércules funcione, que consiga resultados deportivos y funcione como una entidad seria y solvente con un proyecto sólido y creíble a largo plazo con el que nos podamos sentir identificados, sin embargo eso es una utopía de imposible consecución bajo la dirección de Enrique Ortiz porque sistemáticamente hace las cosas mal, equivoca el camino y siembra de minas nuestro futuro como club.

El camino a seguir es el que trató de iniciar Perfecto Palacio y su equipo a partir del mes de junio de 2011. Un camino basado en recuperar la ilusión del aficionado a través de una profesionalización en todas las áreas y una estrategia encaminada a crecer de manera sostenible, cumpliendo con las obligaciones contraídas y optimizando los recursos disponibles para no dilapidar casi cien años de historia.

Ya sabemos lo que duró aquel proyecto, aquel intento de profesionalización en Romeu Zarandieta. Escasamente tres meses y un año más de agonía para Sergio Fernández. En su lugar quedó un solar, tierra quemada de casi imposible fertilidad futura. Terreno abonado al nepotismo, al amiguismo, a la improvisación o a la imposición.

Aquí se cambió un modelo que funcionaba desde el principio por una ausencia de proyecto y ahora pagamos las consecuencias. No se trata solamente de que la pelota no quiera entrar. No. El mayor problema es que no hay una dirección sólida, no hay ningún plan estratégico y lo único que habita en el Hércules es el favoritismo, el interés propio de unos y otros, ya sea el máximo accionista, ya sea su yerno o ya sea un intermediario. Ahora mismo el Hércules es una cuerda de la que todos tiran en diferentes sentidos y que amenaza con romperse para siempre. No pidamos pues peras al olmo. Pan para hoy y hambre para siempre.

En tal estado de caos institucional el año pasado fue nombrado presidente virtual Jesús García Pitarch, un mercenario valenciano de alto standing al que jamás le importó nada el Hércules ni su afición. Ahora tenemos al hijo de una concejala del PP en el ayuntamiento de Alicante como presidente del club y en el campo el delantero centro es el yerno del que hace y deshace. Así se funciona porque en el Hércules el premio por casarse con la hija del máximo accionista es un contrato de tres años se juegue bien o se juegue mal, además de la posibilidad de ser el futuro director deportivo. Porque en el Hércules el premio a ser un negado incompetente en los despachos se paga con la presidencia. Como se dice en Sicilia, lo importante es la familia.

Así este Hércules de la triple P (Portillo, Peña y Parodi), siempre con la sombra alargada de Brugal, se postula, con la típica arrogancia y prepotencia de su exmáximo accionista, como aspirante a primera división, como si alguien regalase tal galardón. Como si no hubiese antes que hacer bien las cosas a todos los niveles para que estas funcionen. Como si el fútbol fuese solamente una cuestión de dinero, el mismo que dejaron de pagar en múltiples ocasiones.

Lo único que consiguen entre todos es que los aficionados sintamos pena y vergüenza del club de nuestros amores, que ahora mismo rivaliza consigo mismo para ver quien hace el más espantoso de los ridículos semana tras semana, si los jugadores , el técnico o “la santísima trinidad” que forma el consejo de administración del Hércules. De este modo y ante la perplejidad de propios y extraños, el equipo blanquiazul “ha entrado en boxes” en el mismo infierno del descenso y vete tú a saber cuando volverá a la carrera.

Da igual el entrenador que dirija, da igual que jugadores jueguen porque aunque un año salga bien, se volverá a los impagos, se volverá a las andadas porque de donde no hay, jamás se podrá sacar.

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