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Diario deportivo de Alicante

Causas y responsables de un descenso humillante

J. A. SOLER / @jasoler65

En sus 92 años de historia el Hércules ha sufrido varios descensos de categoría, pero ninguno tan humillante como este último. Terminar en Segunda B como colista en uno de las campeonatos con menor nivel que se recuerdan deja en evidencia una gestión que mantiene con una puesta en escena que impide pasar página por mucho que algunos en el club se empeñen en hacerlo.

El descenso del Hércules a Segunda B tiene su origen en la deuda del club que desde el año 2000 hasta 2011 se multiplicó por diez. Enrique Ortiz asumió el control de la SAD con unos 9 millones en el debe. Tras finalizar la temporada 2010-2011, la de Primera División, el agujero económico superó los 60 millones de deuda a los que se podría sumar los 18 millones avalados por el IVF para que la Fundación se convirtiera en accionista mayoritario de la entidad blanquiazul.

Esta monstruosa deuda provocada por una irresponsable gestión condujo al Hércules a su tercer proceso concursal en apenas una década. Este procedimiento por importe de 63 millones de euros ha terminado resultando letal para el club dado que la planificación deportiva de las dos últimas temporadas ha estado fiscalizada y controlada por el principal acreedor después de firmarse un leonino convenio que reducía a la nada la disponibilidad del club para la contratación de futbolistas.

En este terrible escenario, propiciado por un despilfarro sin freno entre los años 2005 y 2011, tuvo que moverse un Hércules sin recursos para formar una plantilla medianamente competitiva. De ahí que el problema económico haya tenido tanta incidencia en lo deportivo. Muchísima más de lo que parece. Por eso, el equipo blanquiazul ha estado en puestos de descenso durante gran parte de la competición en los dos últimos años. Hubo milagro hace 12 meses, pero en estas precarias condiciones el drama era cuestión de tiempo.

Ante la imposibilidad para fichar jugadores, Enrique Ortiz, máximo responsable de este desaguisado, tuvo que recurrir hace un año a un agente externo como Quique Pina para rellenar una plantilla con más nombres que hombres. Con jugadores de vuelta en el fútbol, Quique Hernández aceptó unas arriesgadas condiciones de trabajo que le condenaron de igual manera que a su antecesor en el banquillo herculano. Ambos cayeron en el mismo error -los dos llegaron a vender ascenso en verano- y tuvieron que salir por la misma puerta cuando la cruda realidad les devoró.

Si todo lo expuesto no fuera suficiente, los intereses personales y familiares de Enrique Ortiz han agravado todavía más la situación. La imposición del fichaje de Portillo dinámito un proyecto deportivo, provocó un permanente ambiente de crispación  y una división en el vestuario. Todo junto ha restado demasiado en un club cogido con alfileres. Con este cóctel molotov, lo extraño es que el Hércules no haya descendido antes.

Esta exposición de posibles causas que han llevado al Hércules a la Segunda B tiene un máximo responsable que es Enrique Ortiz. Fue el exmáximo accionista de la SAD quién dilapidó lo que no tenía junto con amistades peligrosas como Paco Roig, Jesús García Pitarch o Quique Pina, además de ofrecer cheques en blanco a técnicos que se aprovecharon de la incompetencia del mandamás para hacer caja a lo grande y sin control.

Por este camino se llega directamente al pozo de la Segunda B del que dificilmente se sale si no cambian mucho las cosas. En la SAD creen haber pasado página con la llegada de Dani Barroso y Pacheta a la parcela técnica o de Juan Carlos Ramírez al consejo de administración. La realidad dice que el libro sigue estando en las mismas manos y permanece abierto en la misma página con humo. Nada cambia. Ni siquiera con el descenso.

 

 

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