EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Causas que condenan al Hércules a una permanente oscuridad

J. A. SOLER / @jasoler65

No es necesario que el Hércules haya salido de la promoción de ascenso en Segunda B o que esté en una peligrosa dinámica negativa de resultados para que se enciendan las alarmas en un club en el que todo se hace o se deshace en base a intereses personales. Inexplicables  comisiones por hipotecar el fútbol base, encargados de mantenimiento con poderes ilimitados en la toma de decisiones del club, recortes en todo menos para los enchufados de turno, un consejo de administración con menos miembros de lo que exige la ley, desgobierno absoluto en la entidad…

Con todo esto, si la pelotita entra más o menos, si el equipo juega a algo o a nada, si la confección de la plantilla es acertada o no y si el Hércules es líder o séptimo es algo secundario para los pocos interesados en conocer los verdaderos motivos que siempre impiden construir equipos más competitivos que los de estos últimos años, formar una estructura seria y profesional en el club, mimar a la cantera o no maltratar a una afición que en Alcoy demostró estar muy por encima del equipo.

El asunto es que esta interminable lista de despropósitos destapa las miserias de un Hércules sin rumbo. Si el equipo de Pacheta sigue sin encontrar una identidad de juego después de tres meses de competición, el club continúa en un estado vegetativo que arrastra a todo lo demás. Ver como Carbonell, Borja o Clausí, dos canteranos que no servían para este proyecto en Segunda B son titulares indiscutibles en otros equipos de la misma categoría es, como mínimo, para reflexionar. Posiblemente, estos futbolistas podrían cubrir con mayor garantía las múltiples bajas por lesión que asolan a la plantilla blanquiazul en las últimas semanas.

Y teniendo en cuenta que la reflexión o el análisis de la situación no suele aparecer demasiado en la hoja de ruta del Hércules de Enrique Ortiz, no se atisba ningún cambio. Parece que todo seguirá igual que en años anteriores. El baloncito podrá volver a entrar en algún momento, ojalá, pero el problema de fondo continuará. Las alarmas permanecerán encendidas mientras siga moviendo los hilos el de siempre. Porque ha tenido 15 años para entender que este juguete no puede manejarse ni utilizarse de esta manera. Ni siquiera el día de San Martín.

 

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