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Diario deportivo de Alicante

Balonmano en la sangre

PABLO SENTANA (Árbitro de balonmano)

Hace tiempo ya que pintamos canas. Pero cuando oímos la palabra balonmano, partido… vamos al armario donde guardamos la pega, que hace que nuestra falta de entrenamiento y agilidad no se noten tanto, cogemos nuestras vendas y utensilios para evitar lesiones y nos preparamos con la ilusión y ganas para jugar como cuando teníamos quince años.

El porqué de estas reacciones precisamente se forjan hace veinte años, a finales de los agostos interminables con los compañeros subiendo cuestas y cuestas ya que el físico era importante (ahora ya no tanto), había que estar preparados para cuando jugáramos con Agustinos, su contraataque era letal. O con Salesianos que también hacían pupa. O cuando jugáramos contra las bayas al que había que golear por aquello del golaveraje.

No pasaba nada si entrenábamos en campos de cemento al aire libre. Había días a las dos de la tarde en invierno que se te ponían los pelos como escarpias o veranos donde aquello se antojaba como el peor desierto. Los curas te decían que de pabellón nada, que el carácter propio del centro, (humildad y austeridad) imponían los entrenamientos y partidos en este tipo de campos . A pesar de todo y gracias a la motivación de entrenadores como Jose Julio Espina, Germán Bañón , Javier Cremades “Ditos”, Juan Pastor “El Moro”.

Perdonad si me dejo alguno, seguíamos entrenando. No importaba si las goleadas de Agustinos, que parecían de otra galaxia eran de escándalo. Siempre después de golearnos , el lunes siguiente allí estábamos intentado superarnos. Nunca les ganamos un partido porque eran muy buenos (generación de los campeones del mundo). Pero jugar contra gente tan buena nos hizo madurar y comprender que jamás ni en el balonmano ni en la vida hay que dar un partido por perdido antes de haberlo jugado.

Una vez cuando jugamos en campo de cemento solo perdimos de cinco porque empezó a medio llover y nosotros claro habíamos entrenado muchas veces en estas condiciones, sólo perdimos de cinco, llega a durar el partido diez minutos mas y les ganamos. El tiempo pasó y la vida empezó a poner las cosas en su sitio. Algunos, la mayoría prolongamos nuestra vida deportiva en equipos de 2ª nacional, en Primera e incluso en División de Honor. Otros como en mi caso y por no perder el gusanillo del balonmano cogimos la vía del arbitraje.

Otros compañeros siguieron el ejemplo de entrenadores más veteranos y se hicieron entrenadores llegando a entrenar a equipos de división de honor, o en el club al que pertenecieron. El virus del balonmano siempre lo llevaremos en la sangre de una manera u otra. En mi caso me toco arbitrar a amigos, compañeros y a antiguos rivales e incluso compartir muchas veces problemas e incomprensiones con entrenadores que habían sido compañeros tuyos.

La verdad es que todo acababa cuando salías por la puerta del campo, yo ya había olvidado y los demás también. Seguíamos siendo los compañeros de siempre. Siempre habían las típicas anécdotas que no las protagonizaban los compañeros sino precisamente los familiares de los compañeros. Dependiendo a donde fueras cada club tenía su “montapoyos” particular. Si ganaban era porque eran muy buenos. Pero claro si perdían la culpa era del árbitro. Todavía recuerdo sin mencionar a un personaje de pelo rizado y apellido muy dinástico que fuera el árbitro que fuera siempre o casi siempre era amonestado o expulsado.

El tiempo pasó y llegó la crisis de cantera. Curiosamente cuando mas compañeros había jugando en 2ª, en 1ª y entrenando a equipos de categorías superiores, hubo una crisis de vocación. Desapareció la cantera. Durante unos años el balonmano tuvo una crisis de identidad. Algunos resistieron pero otros se hundieron. Padres que valoran la influencia positiva del balonmano en sus vidas y jugadores que han sido entrenadores se han puesto de nuevo a entrenar a sus hijos para empezar a crear una cantera que haga que en un futuro los enfrentamientos Agustinos-Jesuitas, vuelvan a ser una realidad, jugarán sin dar el partido por perdido y a lo mejor lo ganan. Ahora ya se entrena en pabellón. Así que este fin de semana, voy a desempolvar mi viejo silbato y si me dejan me pondré a arbitrar para volver a ver a los compañeros que siempre serán mis viejos amigos del balonmano.

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