EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Aquellos maravillosos años

JOSE FRANCISCO PERSONAL

Cierren los ojos. Imaginen que están en el Rico Pérez viendo un encuentro de Primera División y se anuncia por megafonía que un club alicantino de balonmano acaba de proclamarse campeón de una Recopa de Europa. Qué bien suena, ¿verdad? Pues así sucedió, un domingo 20 de abril de 1980. El Calpisa de Pitiu Rochel derrotó al VFL Gummersbach alemán en la final disputada en Dortmund ante 14.000 espectadores. El Hércules, consolidado en la élite, se enfrentaba al Español de Barcelona. Y como no existía aún internet ni redes sociales, una llamada de teléfono fue el medio empleado para, previo anuncio por todo lo alto, provocar la efusiva ovación en el estadio alicantino. A veces pienso que me equivoqué de época al nacer.

Ya no solo por mis gustos musicales, muy ochenteros, o por la preciosa, al menos vista desde la distancia, transición política española. Deportivamente hablando, miro hacia atrás en el tiempo y siento envidia de aquellos alicantinos que pudieron disfrutar de esos años dorados. Y ya no solo por aquel Hércules de Arsenio Iglesias, que a punto estuvo de clasificarse para jugar en Europa, y que caminaba sólido por la primera división del fútbol español. Es que además un club, el Calpisa, heredero del Obras de Puerto, conquistó 4 ligas y 4 copas en apenas cinco temporadas, haciendo doblete en tres ocasiones (74-75, 75-76, y 76,77).

Si hubiera podido elegir, habría nacido alrededor de 1960. No es baladí que eran tiempo de dictadura, y conviene recordarlo. Pero es que a veces, caminando por la ciudad de Alicante, veo multitud de edificios los cuales intuyo que se construyeron en torno a los años 70. Y pienso lo que creció la ciudad en esa época. Imagino el auge del turismo, y la creación del extraradio, con el gran abrazo que esa Alicante dio al éxodo rural. Naciendo en los 60 habría visto esa Alicante. Y habría disfrutado del fútbol cuando aún era deporte, y del Calpisa siendo referente español de balonmano. También, en honor a la verdad, conviene destacar que los que hemos venimos detrás hemos vibrado con el baloncesto gracias al Lucentum. Él también paseó el nombre de Alicante por España y Europa. Y del Hércules, que aunque cada vez más extensas en el tiempo, alguna alegría sigue dando. Y del Mar Alicante, también caminando con modestia pero con orgullo por el viejo continente.

Este ataque de nostalgia viene al hilo tras la lectura de “Alicante, tierra de balonmano”. Aconsejo desde ya a todo alicantino que se precie su lectura. Y aprovecho estas líneas para agradecer al autor, José Antonio Soler, ese bonito viaje al pasado.

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