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Diario deportivo de Alicante

Domingo Ramón, un grande que se consagró con zapatillas prestadas

J. A. SOLER / @jasoler65

Cuando el atletismo español empezaba a asomarse al mundo a través de la marcha, un alicantino de Crevillente rozó la gloria en Moscú, sobre el tartán del antiguo estadio Lenin que acogió los Juegos Olímpicos de 1980. Nadie contaba con aquel joven y menudo atleta español llamado Domingo Ramón Menargues que había olvidado sus zapatillas para disputar las semifinales de una prueba tan exigente como el 3.000 obstáculos. Domingo HCF

“Tenía 22 años y con los nervios olvidé las zapatillas en la villa olímpica. El polaco Bronislaw Malinowski, una leyenda en esta disciplina, me vio preocupado en la pista y rápidamente me buscó unas zapatillas con clavos que me fueran bien. Corrí aquella final con el calzado prestado, nos clasificamos los dos para la final en donde Malinowski ganó el oro y yo quedé cuarto”, explica Domingo Ramón que rozó la gloria a los pies de la Plaza Roja moscovita.

De hecho, la marca de 8.15.17 que consiguió en aquella histórica final de 3.000 obstáculos fue récord de España durante la friolera de 19 años, aunque sigue siendo el mejor registro español en categoría promesas. Aquella final de Moscú significó un antes y un después en la carrera de Domingo Ramón. Esa carrera que terminó ganando Bronislaw Malinowski catapultó al alicantino a la élite de un atletismo español que iba a vivir su primera etapa dorada con atletas como José Manuel Abascal, José Luis González, Antonio Corgos, Javier Arqués, Jordi Llopart o José Marín, entre otros. Y todo gracias al acto de “fair play” del campeón polaco que falleció un año después de aquellos Juegos en accidente de tráfico.

Domingo Ramón recordó que “Malinowski da nombre al menos a 8 colegios en Polonia. Cuando le hicieron un homenaje en su tierra natal no dudé en asistir. Me pagué el viaje y me presenté allí en señal de agradecimiento. Fue un gran campeón y conmigo tuvo un comportamiento ejemplar. Cualquier otro me hubiera dejado correr con zapatillas sin clavos y eliminar así un posible rival. Me ayudó sin obligación de hacerlo, algo impensable hoy día, y le estoy eternamente agradecido”.

Nació en Crevillente aunque a los dos años de edad su familia se trasladó a Alicante para trabajar en una panadería en el barrio de San Antón. Empezó a correr por las calles Trafalgar y del Pozo, justo por donde hoy está el parque de bomberos de la prolongación de Alfonso el Sabio. En el instituto Figueras Pacheco de Babel demostró que tenía condiciones para correr y de la mano de su profesor Antonio Brunet entró en la primitiva pista de atletismo de la Ciudad Deportiva. Allí, Joaquín Villar y otros técnicos de atletismo le echaron pronto el ojo. Domingo Ramón

No tardó en destacar en 2.000 metros obstáculos, prueba en la que llegó a ser campeón de España en categoría juvenil y júnior. Todo ello sin una instalación homologada en Alicante pues la Ciudad Deportiva no tenía ni ría. A finales de los 70 no era difícil verle correr por el Polígono de San Blas junto a José Manuel Albentosa. “No sabía ni que valía para una prueba como la de 3.000 obstáculos. Tenía el hándicap de la altura para pasar los obstáculos o la ría. De hecho nunca he pasado la valla con la pierna izquierda. A pesar de todo destacaba y me llevaron a la selección”, recordó el atleta alicantino.

Tras participar con éxito en los Juegos del Mediterráneo de Casablanca, Domingo Ramón fue convocado para tomar parte en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980 en donde rozó la medalla de bronce al terminar cuarto en la final que ganó su admirado Bronislaw Malinowski. En la capital de la antigua URSS vivió el primer gran boicot olímpico por parte de Estados Unidos y otros países occidentales por la intervención militar soviética en Afganistán. Cuatro años después, también fue testigo del boicot que hicieron varios países del bloque del Este a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984.

“Guardo mejor recuerdo de Moscú a pesar de que en Los Angeles iba mejor preparado. En los Juegos del 84 se crearon muchas expectativas de medalla conmigo. Había mucha gente pendiente de mi y la presión me pesó un poco. Al final quedé sexto pero no me supo tan bien como el cuarto puestode  cuatro años antes”, reconoció Domingo Ramón que entre unos Juegos y otros subió al podio en el Europeo de Atenas. También recuerda que no participó en el desfile inaugural de deportistas en las dos citas olímpicas en las que participó. “Estaba muy centrado en mi preparación y un desfile de estas características es muy agotador. Pasas muchas horas de plantón. Tampoco me han llamado mucho la atención estas cosas”, puntualizó. Domingo Ramón

Durante su carrera deportiva militó en clubes como el Hércules Benacantil, Valencia y Puerto de Alicante, éste último en categoría de veteranos. En su mejor momento deportivo llegaron a ofrecerle un puesto de trabajo como portero de noche que tuvo que rechazar por ser incompatible con la vida de un deportista de élite. Después de los Juegos de Los Angeles llegaron las lesiones y la decadencia en su carrera deportiva. Se retiró en 1991 al no poder mantener el nivel que había mostrado en la primera mitad de los años 80.

“De repente me encontré en el paro y sin saber qué hacer. Empecé a trabajar en el Ayuntamiento de San Vicente en donde llevo 25 años en la Concejalía de Deportes. Intentamos organizar múltiples actividades para que los ciudadanos del municipio se involucren en el mundo del deporte”, explicó Domingo Ramón Menargues que está ilusionado con la nueva etapa que está viviendo el consistorio del Raspeig con José Luis Lorenzo como edil del área deportiva.

“Es un concejal que viene del mundo del deporte. Estoy encantado de trabajar con él y como veo que es recíproco sabe que me tiene a su entera disposición. Está claro que él decide pero sabe escuchar y es muy cercano. Así es más fácil trabajar”, concluyó Domingo Ramón, un campeón forjado con zapatillas prestadas por otra leyenda del atletismo. Sin duda, uno de los grandes del deporte alicantino y uno de los pocos, por no decir el único, que todavía no tiene una calle o una instalación deportiva a su nombre. Ya es hora de que se produzca este reconocimiento al igual que lo tiene su entrenador Joaquín Villar o su admirado Branislaw Malinowski en su Polonia natal. Sería de justicia.

Domingo Ramón

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