EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Entre una pedida de mano y otra de cabezas en el estadio Rico Pérez

J. A. SOLER / @jasoler65

Resulta conmovedor ver como hay herculanos que aprovechan un partido de su equipo en el estadio Rico Pérez para pedir matrimonio a sus respectivas novias. Ya ocurrió en el Hércules-Reus del pasado 20 de septiembre con una pancarta en el fondo norte y volvió a suceder este domingo 29 de noviembre en el encuentro contra la Pobla de Mafumet mediante un bonito vídeo en el marcador.

Dice nuestro amigo Manolo Piera en su libro “Cabeza Negra. Así que pasen cien años”, estar enamorado es el estado más parecido a ser herculano. En este caso, además, es un amor pocas veces correspondido porque hablamos de una novia manejada por amistades peligrosas que pone en serio riesgo mantener viva esta pasión que siempre pareció inquebrantable por mucho que la suegra o el suegro no te quieran para yerno. Es sabido por todos que hace tiempo eligieron a otro.

Hay que estar muy enamorado de esta causa perdida para acudir cada 15 días a una cita a sabiendas que te van a dejar plantado por el primero que pase. Esa es la cara que tenían casi todos los que salían del Rico Pérez después del último desplante de su equipo. Y es que si ya era duro ver como un escenario mundialista acogía un Hércules-Pobla de Mafumet, con todos los respetos para el humilde club catalán, aún hizo más daño al maltratado corazón herculano lo que ocurrió en la esperpéntica declaración de amor sobre el césped.

Lo que queda meridianamente claro es que este idilio de 93 años parece tener fecha de caducidad si no hay un cambio radical en una de las partes. El desapego hacia esta pasión en vías de destrucción es cada día más evidente. Porque entre el yerno que nunca marca, el cuñado de mantenimiento o desmantelamiento, palmeros interesados y estómagos agradecidos que prefieren seguir con esta infumable música, la relación lleva camino de convertirse en un amor imposible por mucho que algunos irreductibles insistan en pedir la mano a su novia en el vídeomarcador del estadio. Eso sí que tiene mérito.

Cada vez que escucho en el Rico Pérez ese nuevo cántico futbolero llegado desde Argentina “muchachos, hoy viajamos juntos otra vez, enamorado del Hércules, no lo puedes entender” me acuerdo del suegro de turno, el mismo que nunca ha entendido esta pasión a pesar de cumplir hoy mismo 16 años al frente de un cortijo en el que únicamente tienen cabida incompetentes que hagan la pelota al amante de los pelotazos y no precisamente del baloncito.

Por estas cosas, el romántico herculano de toda la vida empieza a estar harto de ver como hasta la Pobla de Mafumet te levanta a tu amor platónico.  Así, no extrañaría nada que dentro de poco alguien pudiera contratar en el marcador un espacio para realizar, en lugar de una pedida de mano, una petición de cabezas. Para este caso se me ocurren varias. Las mismas que piensan todos los que queremos que este amor incomprendido siga siendo eterno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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